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POSIBILIDADES DE INTERVENCIÓN DESDE LA PSICOLOGÍA EN LA ENFERMEDAD DE ALZHEIMER

El enfermo de Alzheimer pese a su heterogeneidad mantiene unas constantes como son las que conlleva un proceso que en cierta medida asemeja una involución funcional (Reisberg, 1996) que recuerda en bastantes aspectos a la descrita por Piaget e Inhelder (1993) para explicar la evolución del niño.

El conocimiento de esta prognosis es de gran utilidad a la hora de diseñar planes de intervención mediante programas de psicoestimulación, una de las posibles actividades de trabajo con el enfermo de Alzheimer desde la Psicología.

En cualquier caso, el campo de intervención desde la Psicología en la Enfermedad de Alzheimer no se limita a la psicoestimulación, o la neuropscioestimulación, aunque sea ésta una de sus posibilidades más conocidas, y con mayor reconocimiento social entre afectados (cuidadores).

La Enfermedad de Alzheimer, por sus propias características de cronicidad y de progresivo deterioro, genera paralelamente una dependencia del enfermo para cualquier actividad de la vida diaria, ya sea básica (lavado, vestido, uso del retrete, movilización, continencia, alimentación), o instrumental (capacidad para usar el teléfono, ir de compras, preparar la comida, cuidar la casa, lavado de ropa, usar medios de transporte, responsabilizarse sobre su medicación, o la utilización de dinero), por lo que esta dependencia hace que surja necesariamente la figura del cuidador, o la del cuidador principal (Ruiz-Adame y Portillo, 1996).

El cuidador principal va a ser la persona que asumirá el cuidado del enfermo durante la mayor parte del tiempo, tarea no siempre elegida de forma totalmente voluntaria por éste, sino motivada por circunstancias facilitadas por un entorno familiar que bien por carecer de una estructura suficientemente amplia, por falta de recursos económicos o socio-asistenciales, o por simple dejación de apoyo termina por generar la figura de un cuidador que va realizar esta tarea de atención al enfermo de manera casi en exclusiva y durante toda la enfermedad, lo que a veces puede abarcar períodos superiores a los 15 años, con lo que esto implica de aislamiento social para el cuidador y de afrontamiento de frecuentes situaciones, para las que no se está formado ni preparado, y que son continuas fuentes generadoras de estrés.

Fuente: Papeles del Psicólogo

 

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