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UNA SORPRENDENTE CANTIDAD DE FUNCIONES MENTALES SE MANTIENEN DURANTE LA VEJEZ, ES MÁS, ALGUNAS MEJORAN

Cuando envejecemos, el cerebro pasa a través de una letanía de cambios radicales. Se encoge, le aparecen huecos como si fuera un queso suizo, las conexiones entre las neuronas se hacen más escasas y el suministro de oxígeno y el flujo de sangre decaen. Eso causa deterioro en la memoria a corto plazo y en los cambios rápidos de atención, entre otros problemas. Y todo eso sucede en un cerebro saludable.

Sin embargo, no todo es para ponerse a llorar. Varias investigaciones muestran que una sorprendente cantidad de funciones mentales se mantiene en buen estado durante la vejez.

Es más, algunas incluso mejoran. El vocabulario mejora, así como otras habilidades verbales como la facilidad para pensar en sinónimos y antónimos. Los cerebros más viejos tienen más de lo que se denomina “conocimiento experto”, es decir, información relevante para su ocupación o pasatiempo. También guardan más “plantillas cognitivas”, o guías mentales de problemas genéricos y soluciones a las que se puede acceder cuando se enfrentan nuevas dificultades.

Eric Kandel, de 77 años, quien compartió el Premio Nobel de Medicina en 2000, dirige un laboratorio en la Universidad de Columbia y sirve de mentor a científicos jóvenes. “Creo que ahora hago ciencia mejor que cuando era joven”, dice. “En la ciencia, el juicio es muy importante, y ahora tengo un mejor entendimiento de qué problemas son importantes y cuáles no”.

El reconocimiento de que los cerebros mayores no son necesariamente seniles ha inspirado una serie de productos para los consumidores. La estadounidense Posit Science Corp. ofrece un software que incluye ejercicios que buscan mejorar la memoria
y la atención, así como afinar la capacidad de escuchar. Estudios de científicos de Posit, revisados por otros colegas, sugieren que este software puede restar 10 años al deterioro en la agilidad mental.

Una de las habilidades cognitivas más robustas es la memoria semántica, la cual es el recuerdo de hechos y cifras. “La memoria semántica es relativamente resistente a los efectos del envejecimiento”, afirma Arthur Kramer, profesor de psicología de la Universidad de Illinois en Urbana- Champaign. La memoria semántica incluye el vocabulario, el cual crece con el tiempo con tanta fiabilidad que una persona joven jamás debería retar a una persona de 75 años a hacer un crucigrama.

En un estudio, llevado a cabo por Kramer y un colega del Instituto Tecnológico de Massachussets, se analizó a controladores aéreos de 60 años y se encontró que su desempeño en pruebas de velocidad de reacción, memoria y atención era inferior al de  colegas de 30 años.

Sin embargo, en pruebas en las que manejaron emergencias y varios aviones a la vez, los controladores mayores lo hicieron tan bien o mejor que sus colegas jóvenes. “Su experiencia y el conocimiento de los tipos de aviones y estrategias que han usado
por años puede compensar por un declive en otras habilidades”, indica Kramer. Sus hallazgos, afirma, sugieren la necesidad de revaluar “la noción de cuándo debemos jubilar a la gente, debido a que su habilidad  para hacer estas tareas complejas resiste al desgaste”.

Otra ventaja de un cerebro mayor es que cada vez se necesita menos esfuerzo para resolver problemas de la vida real. Por ejemplo, mientras que a un abogado joven le toma horas de escrutinio metódico entender un documento legal, los abogados mayores pueden saltar a las secciones cruciales y acomodarlas a lo que ya saben.

Los beneficios del envejecimiento para la mente y el cerebro van más allá del pensamiento. También incluyen una mayor habilidad para ponerse en el lugar de otros, sentir empatía y entender sus procesos de pensamiento, es decir una sabiduría emocional. Esto
probablemente refleja el mayor control que tienen los cerebros más ancianos sobre las emociones, especialmente las negativas como la impaciencia y la ira.

 

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