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LA DEPRESIÓN ACELERA LA PROGRESIÓN DE ALZHEIMER
Un nuevo estudio realizado por científicos del Hospital Monte Sinaí (EEUU)
vincula la depresión con el mal de Alzheimer: el cerebro de los pacientes con
esta enfermedad neurodegenerativa y episodios repetidos de depresión grave
presentan más placas y ovillos amiloides y en consecuencia un deterioro
cognitivo más rápido.
Los científicos han comprobado que la depresión mayor acelera el deterioro
físico del cerebro que produce el mal de Alzheimer. "Tanto el mal de Alzheimer
como la depresión afectan al área relacionada con la memoria en el lóbulo
temporal. La depresión produce atrofia en el hipocampo, precisamente el área
donde se forman más placas amiloides y ovillos en los pacientes con Alzheimer
[responsables del deterioro de la memoria propio de la patología]", señalan los
autores en el trabajo, publicado por 'Archives of General Psychiatry'.
Michael A. Rapp, catedrático del Monte Sinaí, y su equipo, compararon los
cerebros provenientes de 44 cadáveres de pacientes (32 hombres y 63 mujeres) con
una larga historia clínica de depresión con 51 cerebros con Alzheimer y sin
depresión. La edad media de los fallecidos era de 81 años.
Los resultados indican que los individuos que padecían depresión cuando se les
diagnosticó Alzheimer presentaban cambios en el cerebro típicos de una
enfermedad de Alzheimer más avanzada que aquellos en los que la depresión se
había producido mucho antes o después del diagnóstico.
Los autores resaltan que "los resultados tienen una relevancia clínica
significativa" ya que animan a los investigadores a "identificar potenciales
mecanismos que vinculen la depresión geriátrica con ciertos factores de riesgo
neuropatológicos de Alzheimer". Si se llegan a conocer estos mecanismos será
posible crear estrategias para prevenir la enfermedad.
Compensar la degeneración neuronal
Estudios anteriores ya habían señalado la relación entre estas dos enfermedades.
Algunos estudios de imagen han sugerido que tanto la duración como el número de
episodios de depresión mayor recurrente están asociados con una pérdida
significativa de volumen del hipocampo en pacientes geriátricos.
Otros trabajos 'postmortem' señalan que entre las causas de la depresión mayor
recurrente se encuentran ciertas anormalidades en las señales neurotróficas
[ayudan a reparar neuronas dañadas]. De hecho, en las víctimas de suicidio se
han encontrado valores de estas sustancias por debajo de lo normal.
Y las investigaciones sobre modelos animales sugieren que los factores
neurotróficos desempeñan un papel fundamental como mecanismo compensador frente
a la degeneración neuronal propia de la vejez.
"Si aunamos todas estos resultados es posible afirmar que los efectos en el
hipotálamo de una depresión recurrente a largo plazo incluyen pérdida de volumen
y defectos en la neuroplasticidad [fenómeno de generación de tejido cerebral
propio del desarrollo del encéfalo durante el crecimiento del feto y que en
determinadas ocasiones sucede en la edad adulta].
Por eso, si los pacientes diagnosticados con Alzheimer tienen una historia de
depresión, los cambios que ésta ha producido en su cerebro pueden conducir a un
declive cognitivo más rápido".
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